Repaso de la cosa social
La semana pasada se produjo en la vida de esta verdurita bloguera un hecho importante, imposible de pasar por alto posteísticamente hablando.
Creo que describí con detalle en mi fenecido primer bló la noche mágica en que conocí a Superputo y el señor Didi, junto al carismático Friqui (en pleno delirio en la foto de la izquierda) y a la ojos húmedos Covi. Hubo unas presentaciones rápidas rapidísimas por parte del sociable a la par que diminuto Putiño, que me permitió conocer a doña Patch y Torpin —a este último no lo recordaba, nono—. Todo ello en el marco incomparable del Tupperware, zona Malasaña, en la capital del reino de Leo. Chapitas y gafapasta por doquier, amos.
Bastante tiempo después disfruté de una cena romántica con el gran maestro de NÄ Nikito Nipongo, avezado periodista que narra su periplo en busca de chica española que gustal sanglía y labo de tolo, ahora desde Periodistas Digital (como medramos, Nik, acuérdate de nosotros, pobres blogueros por amor al arte).
Cuando creía que esta colección de encontronazos —sí, al principio me resistí con ramas y hojas— no podía ser superada... ¡ZAS! Mi idilio con mi amadísimo Nadj Cuerdasfuera por fin llega a la vida en 3D. Fue la mágica noche del concierto en al sala Clamores de los Holy Days. Llegué, lo vi... ¿Y pasó de mi? ¡Ya no me ama con extra de queso, maldito! Claro, por el messenger todo son bonitas palabras, pero cuando está su señora presente... El muy calzonazos...
Entre el selecto público divisé y saludé y solté el rollo a la entrañable Patch, fiel fan del grupúsculo. Y al grito de "soy Brocco", con copa en mano, la otra haciendo saluditos oseaconozcoalosquetocan y sonrisa braquetiana, me dejé llevar por las melodías de los aclamados artistas. Las raíces se me iban a la de Common People o Boys don't cry, con un Frank Einstein entregado al púbico. ![]()
Sobra decir que, con el fuego musical y cervecil que recorría sus venas, ni el portentoso cantante, ni el señor melenudo (aka Torpin, se cierra el círculo) se dieron cuen de que esa pirada que les hacía gestitos era la verdura. Es que iba de paisano, oiga.
Después de lanzarles mi ropa interior sabor clorofila al escenario, me entregué a sus brazos cual groupie, rodeada de blogueros y no blogueros envidiosos.
Em, y ya.
NOTA: además de la destacable capacidad faríngea de don Frank, el cabezón visible de la holy banda, he aquí una muestra —personalizada— de su talento como dibujante:



carlos dijo
pues ha quedado genial , eh...
ahora si podré reconocerte sobre tus patines por Madrid.
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5 Noviembre 2005 | 05:10 PM