Encontronazos nocturnos
Siempre me digo lo mismo, siem-pre, pero en una ciudad como ésta el tiempo y/ o el espacio a veces no dan más opción.
El caso es que hacía días que no patinaba, y me dio por ahí esta tarde-noche, después de acabar el tajo. Como aún no me ha devuelto el señor Puto (el del blog fenecido) el porro folar que se me quedó en su puto coche después del Sonorama, y la temperatura exterior debía rondar los cinco gradetes, me superpuse camisetas e incluso una chaqueta de pijama (sí, de ese mismo de Venca con la goma de pantalón completamente dado de sí que se me cae en el momento más inoportuno, zas, en bragas). O sea, con un contorno de mesa camilla y cierto aspecto de oso peluche mezclado con papa Nöel, me puso los patinicos y hale, a darle.

Claro, a esa hora que la carretera (Gallardóncabrónnomáshumosniruidos) de cerca de la cueva está llenita de coches, buses miles y demás artefactos sonoros y polutos, la cosa no pintaba muy atractiva.
También es verdad que esa zona siempre está igual de congestionada, aunque no sea la hora de ir del curro a casa (Gallardón cabróoon). Total, que como por el barrio esta menda se mueve lo imprescindible y no se entera de ná, pues ahí me puse a rodar con despiste. Bueno, más bien me puse a hacer trocotó trocotó, qué de parches en las pseudoaceras, (Gallardóncabrón), y ajo y agua, porque el tema calzada estaba peliagudo.
*** Primer encontronazo: EL PERRO PATADA. Y con un ataque de nervios y ladridos que traspasaban el umbral del dolor. Todo por ver una verdura con ruedas, ¿no es increíble? Pues hala, a subirse a la acera porque el perro patada parece querer seguirme y no vaya a ser que haya un atropello, mire usté, Gallardóncabrón, qué hago con un perro hecho sello, cómo lo explico después a los lectores caninos.
Prosigo la marcha después de la carcajada de la dueña del bicho en cuestión (¡encima!) y vibro sobre el asfalto más granudo del mundo mundial (Gallardón etc). Hace un frío interesante, pero si me subo la braga militar —negra, no vayan a pensar—, se me empañan las gafotas con la respiración, si es que me tenía que haber puesto las lentillas pero, total, para ir a hacer el cabra aquí al lao, que luego se me quedan los ojos de un seco que no me gustaría tener así esa parte del cuerpo, a esa edad y en esas situaciones, ejem. Menos mal que las manos tiendo a tenerlas calientes, síiii, corazón frío, hala, ya salió el listo.

Y sigo, trocotró, trocotró, mucho edificio militar (tapias, más bien) con cámaras en las esquinas —pa mi que eran de atrezzo—. Y venga a dar vueltas cual tirabuzón verde, trocotró al cuadrado. En uno de esos giros de "ahora me meto a la izquierda que parece que el asfalto es digno (Gallar..) y subo pallá, y sorteo ese pedrusco que un camión ha soltao, y mira cómo está el tiempo y qué cara la vida, si es que no somos naide, y ahora dónde cogno me hallo, veamos..." Zas, salgo a Roma, o sea, a la carretera maloshumos, a donde todos los caminos conducen. Voy por el amago de acera (parches y pegotones de cuadraditos grises superpuestos, Ga...) mientras pasan los cuatrimotores, que van como locos, ajenos a todo.

Um, pos estoy bastante pallá, donde Madrid pierde su nombre, pensé. Y me puse a mirar a diestro y siniestro a ver qué cositas me rodeaban, nunca se sabe; menos billetes, puedo encontrar de todo. Y el farolamen está, existe, doy fe, y no porque me partiese el tronco contra ná. Pero es que se había fundido la cosa bombillil en un buen trecho (o no lo habían encendido, vete tú a saber) y sólo me iluminaban —poesía soy yo— los faros de los piraos. Y mejor voy mirando bien el suelo, oiga, qué de porquerías, eso metálico no es mío, no ha caído de oreja ni patín ni boca, uy ahora un cristal, no si verás que tropiezo tontamente y me pillo el tétanos, ah, no, que estoy recientemente vacunada, a ver hierbecitas entre los baldosines, uy, por aquí no pasa ni cristo, todo el mundo hace este trayecto en medio de la nada en cosamóvil, a ver...
¡Oooooh! (Momento los Cinco, maldita Enid Blyton). Una iglesia con aspecto de poca fiesta... Oscuro, iglesia, oscuro, todo mu militar y con nombres de vírgenes, oscuro, iglesia (con número cual vulgar portal de viviendas, qué cosas), oscuro, ay que me cago que es noche cerrada (y a las seis de la tarde, no te jode), oscuro, ay, fijo que hay tumbas, al lado de las iglesias siempre, aunque ésta fueran para los pringaos que hacían la mili por asquín, da igual, en las tumbas siempre hay muertos y aquí está oscuro.. ¡Oooooh! ¡Un paso subterráneo! Sí, de ésos que tu mami siempre diría que son potencialmente peligrosos... Sí, de ésos con graffitis por todas partes y suelo lisito... Um, la curiosidad me vence, bajo rodando (nena mala, la curiosidad mató al gato, bah. Demasiados cuentos así, que si hay que ser prudentitas, no abrir puertas o Barbazul te hace la puñeta... En fin, análisis de mitos para otro post). Pues que pienso al pasar el pasadizo, uuhuhuuuuu, qué pena no haber traído la cámara, hay luz para hacer afotos —o sea, lo contrario a oscuro—, pero, ay madre, aquí no pasa ni dios, ay-ay, (mente que centrifuga, recuerdos de películas a cientos, advertencias de abuela resonando junto a una docena de sexismos pseudoprácticos). Subo las escaleras cagadita pensando que me va a aparecer por detrás cualquier pirao violador y/ o despedaza verduras para luego abandonar la menestra en una maleta en medio de un descampado.
O peor, un yonqui semimoribundo pero con fuerzas para enseñarme los dientes negros y clavarme una aguja por el placer de hacerlo, niña, no cojas cosas del suelo quetepegaselsida y menuda risa. Que me cagoooo, pienso. Y sigo patinando ya al otro lado de la carreterica de marras, y zas (no, no se me han caído los pantalones), por aquí hay más cosas militares —otra placa que dice no se cuantitos del ejército de no se qué con nombre de santa, maldita curia romana y militares chuscos—. Y más oscuro, y al lao casas abandonadas y campitos de ésos en donde está prohibido verter basura pero que están llenos, y aquí no hay acera, y ahora piedras, y ay que me cago, ay que vienen a darme el susto del siglo, ay que estoy muerta, y sigo rodando, y... ¡¡¡alguien vieneeee!!! ¡¡Maldita seaaaa!!
*** Segundo encontronazo: NO ERA ALCACHOFAZUL ATLETEANDO. Giro el pescuezo (ni imaginarme quiero los ojos de cordera degollada que debí poner) y casi me da un síncope al ver a un monstruo terrible, peludo y jadeante dirigirse hacia mí para comerme sin hervir ni echar sal siquiera. Era un alguien sano corriendo, que me miró con cara extrañada, y aún más cuando dije "ay, joder". Arf, arf, zona civilizada, arf, por fin. ¿Tiro la toalla y vuelvo a la cueva? No. Aprovechemos que aquí hay aborígenes, calle comercial, asfalto bueno... Y tierra y piedritas en todo el medio de la calle que otro camión cabrón ha tirado, grrr... Una vuelta por aquí, y venga, amos, bajando esta calle que da gustirrinín...
*** Tercer encontronazo: EL COCHE O LA PROLONGACIÓN DE LA VIRILIDAD. Un utilitario común pasa a mi vera tocándose el pito con furia. Brocco hace gestos con las ramas del tipo "¿qué passsaaaa, neeeeeen?". El coche aminora la marcha como queriendo decir "que me bajo y te parto las raíces, ossstiaaa". Sale la chula que hay en mi (más que nada que he tenido un día complicao, oigan), y levanto la hoja del medio, así como "súbete aquí y pedalea, chulomierda". El coche mega-aminora y ya me voy por la patilla por bocazas (vale que ese "gilipollas" no pudo oírlo nadie, fue para mis adentros). Y pienso en huir cual bólido, razonamiento que alcanzo con mi 50% de cobardía y mi 50% de espabile —no se contenta el que no quiere—. Pero sigo patinando por aquello de la inercia, y el coche provocando como "aquí te espero y te vas a cagar pero de verdad, cagoentó". Pero claro, no se iba a bajar el chuleta de turno, no. Siguió adelante y yo rodando muy digna, a pesar de que seguía pelín asustadita por si me esperaban en algún lado para darme una paliza buena. Ay, si es que con éso de que todos los coches me parecen iguales, y más de noche... Y sigo, y bueno, y dale, y rueda, me meto por asquín y oh, pues sí, una subidita interesante para desentumecerme.
*** Cuarto encontronazo: POR QUÉ GRITAS, MAMÓN. Vamos a ver. Aunque me cruce por la calle con un tío con los calzoncillos en la cabeza, por poner un ejemplo, como me han enseñado algo de educación e hipocresía, jamás, digo bien, ja-más, se me ocurriría decir nada al sujeto enfermito de la mente en cuestión. Miras, juzgas, despotricas en silencio, te crees superior, lo cuentas a todo el mundo exagerando la cosa (porque además estaban sucios, que los viste bien). Pero gritarle algo... He notado que la gente tiende a desgañitarse a gusto cuando está dentro de un coche. Será que, como total, están pero ya se están yendo, valga la refanfinfla...

Pues me sueltan un sonoro y dilatado en el tiempo ¡EEEEEEH!, de ésos que te tocan las gónadas de mala manera porque lleva implícito el "eres un notas, menudas pintas, unga unga, miraaaaaaa, joéeeee". Sigo subiendo con furia y llego a terreno neutral pero con manchas de aceite por todas partes (juro que no es mío, lo pierdo con discreción) que sorteo grácil cual gacela. Me voy a la cueva, me voy a la cueva, ya está bien, además las gotitas de sudor me hacen cosquillas ahí, debajo de las cosas como el gorro de hace dos posts. Y me voy.
Brocco sueña con un mundo feliz, con luz solar, temperatura fresca pero no gélida, con perros sueltos y niños atados, con suelos lisos y barridos...
Brocco despierta y se da cuenta de que se le empieza a contracturar la nalga derecha (siempre la misma, siempre, será porque es la que uso para escribir) por no haber estirado y estar enfriándose delante de Mr. PC.
NOTA: me he cagao de verdad de la buena al ver a Pío Cabanillas en el programa de Garci.


alcachofazul dijo
Querida Brocco:
Cada vez que me nombras, un paso más cerca estoy del paraiso.
Este post bien merece un pequeño crímen amazónico: imprimirlo para llevarlo conmigo y, en momentos de zozobra o de extrema alegría, leerlo.
Por cierto, paraiso: lugar donde uno hace lo que le apetece y siempre está bien, porque a uno le apetece lo que está bien y porque está bien lo que a uno le apetece; y comparte el tiempo con quien quiere y los demás con uno.
Rodando y corriendo, leyendonos, escribiendonos, cantándonos por el gmail... ¡allí nos vemos!
Gracias.
-Al.
29 Noviembre 2005 | 10:05 AM