Cero en mecánica
Bajaba yo por la calle Fuencarral, con tarrina de helado italiano de chocolate en mano, patines en pies.
Martes, previo día del Pilar, centro de Madrid colapsado de coches por el corte entorno a Colón (los desfiles de cabras y militares necesitan espacio).
Bajando voy, grácil Brocco, y de repente... "Qué pasa, qué siento raro, qué es ello, oye". Dirijo mi bella mirada al patín de la discordia.
No doy crédito. ¡Me falta una rueda! Subo a la acera apoyada sobre las tres restantes y con la ayuda de la patita completa y freno, con el helado bien agarrado y la cucharilla en la boca. "¡Eh, oye, has perdido ésto!", oigo detrás de mi. Una chica se me acerca rueda en mano. "Oink, gracias...", dice Brocco con gesto de asombro mientras piensa que hacer con el patín tullido y el helao medio empezado.
Me sentaré, sip. Hago el amago de depositar mis musculadas posaderas sobre un escalón de ésos de tienda fashion de la zona, y se me sale el eje delantero y, por ende, la otra rueda. "¡Eh, que pierdes la otra!", me dice no se si la misma chica u otra distinta. "Em, ay, qué desastre", digo con aturdimiento. Me siento, pongo zapatillas y empiezo a recolectar arandelas desperdigadas varios metros a la redonda. He perdido la tuerca (la jodía que se fue de turismo y dejó salir la rueda en el momento menos propicio), y es como buscar una aguja en un pajar.
Asignatura: mecánica patinil. Nota: suspensísimo.
Había probado el día antes a meterle unas cuantas arandelitas a mis ejes Toro (ya no se fabrican, oée), para ensancharlos un poco. Sobra decir que me pasé, que no apreté las tuercas (necesito a alguien que me las apriete, ¡¡oooh sí!!) y allí me quedé, delante del mercado de Fuencarral, como una gilipollas.
Parecía un sábado noche, todo el mundo salía de marcha y pasaban cienes de chulazos, modelitos varios y muuchos coches. Me senté con las manos negras y el espíritu más oscuro aún en la parada del bus frente a la tienda Adidas. Estuve cerca de cuarenta minutos allí, con un patín semidespiezado, viendo como pasan autobuses, gente chahi guai que me miraba raro o me miraba sin más.

Llamé a Limu (vean foto inferior), con el que había quedado en Callao y le comenté el percance. Risas varias, promesa de tuerca salvadora y a esperar. Pongo musiquita mientras espero, me miro las manos negras, veo que hay un local en alquiler ahí delante, un concierto de Marlango anunciado en un cartel, una bonita sudadera amarilla en el escaparate e imagino lamparones mil sobre ella en múltiples combinaciones.
Por fin llegó la grúa y me dijo que las arandelas abiertas hacían mucha presión, que uno de los ejes había tocado el suelo cuando la rueda se fue a hacer puñetas y la rosca estaba rara.
Probó las tuercas que trajo, perdió una (imposible encontrar una cosita gris en el suelillo del mismo color) y la otra no valía. Yo seguía con mi cara de gilipollas, pensando que el puñetero día del Pilar no iba a poder comprar recambios. Entonces mi salvador, y también el proporcionador de las arandelas asesinas, empezó a desatornillar mobiliario urbano.
Al final, pude patinar con una tuerca de un protector de árbol (esas cosas de metal que le ponen alrededor para que nadie se los cargue) y ya tengo nueva afición urbana. Además de buscar stencils, tuercas. Lo que no de la calle...


Blas dijo
Jajaja,me estoy imaginando toda la situación y me estoy partiendo de risa,jajaja¡Vaya situación!Solo te faltaba tener un pastor alemán y haber salido con él de paseo,para completar la escena.Patin,helado,perro....jajaja.
Guau,guau
14 Octubre 2005 | 12:04 AM